Escribir sin prometer nada
Una nota sobre Resto útil
No es lo que quedó… Es lo que sigue funcionando.
Hay libros que acompañan y libros que resuelven. La mayoría de la poesía que habla sobre pérdida intenta lo segundo: te lleva de un punto a otro, te promete que el dolor tiene dirección, que termina en algún lugar reconocible. Yo no sé hacer eso. No porque no quiera… sino porque no es verdad.
Lo que sí puedo ver es que algunas cosas no se van. No dejan cicatriz, no dejan aprendizaje, ni una versión mejorada de uno mismo. Se quedan en el umbral, tal vez funcionan como una duda, o como el silencio, con la misma precisión con la que funcionan las fuerzas de la naturaleza: sin pedirte permiso, sin importar si las necesitas.
Escribí Resto útil desde ahí. Desde el lenguaje que conozco: el de quien mide antes de nombrar, el de quien prefiere la exactitud a la metáfora blanda. Usé física porque la física no miente: la frecuencia no desaparece cuando dejas de oír. La señal siempre llega, aunque nadie la espere. El peso no cambia si decides no cargarlo.
No quería escribir un libro que te hiciera sentir mejor o que nombrara lo que duele con romanticismo. Quería escribir uno que te hiciera interpretar lo que sientes. Que dijera en voz alta lo que algunas experiencias dicen en silencio: esto sucede, tiene características, sigue aquí.
No espero que busques cerrar un capítulo en tu vida, porque este libro no es para eso. Si buscas compañía exacta en medio de algo que todavía no termina — o que terminó hace tiempo y sigue pesando — entonces quizás sí.
No es consuelo: es reconocimiento.
— Tane R. | Caldemar Ediciones


